No se como describir la pasión que siento por la fotografía. Solo voy a concluir que el día que descubrí esta maravillosa manera de despojar momentos para hacerlos míos, todo en mi cambio. Cuando percibí la magia de tomar fotos, mi tristeza murió y mi soledad se convirtió en un cuarto oscuro que ilumino de luz mi vida. Las fotografías que voy tomando me inyectan un toque de locura por saberme dueña de un momento robado. Estoy hablando de algo muy intimo, algo que no tiene precio. Es como si me robara un pedacito del mundo para pintarlo con los colores que más me gustan. Esos colores son el blanco y el negro, precisamente como siento que ha sido mi vida. En el cuarto oscuro me olvido del resto del tiempo y solamente me dedico a pintar el momento sustraído. Allí, acompañada del olor de los químicos me sumerjo con el ruido del agua, de la música que escucho y finalmente de la emoción que siento al ver nacer mis fotos. Y no hay nadie ni nada que pueda remplazar ese momento de libertad tan mío. Es como si las hojas de los árboles se mecieran con el viento y con la oscuridad de la noche para encontrar un poco de luz y en esos momentos nada del mundo importa. Yo soy la hoja que se mece en la oscuridad de la noche, el viento es mi cámara, la noche es el cuarto oscuro y la luz es la que me deja ver nacer mis fotos. Así es como me olvido del resto del mundo para perderme con la magia de la fotografía.
-Ceci Iniguez